"Éste es el relato más triste que nunca he oído..."

Ford Madox Ford (El buen soldado)

viernes, 11 de junio de 2010

Mononoke



A veces necesitamos que una buena película nos abra los ojos del alma y los oídos del corazón.

miércoles, 9 de junio de 2010

"Patofobia"


Patofobia: el temor de que en algún lugar, no se sabe de qué manera, un pato lo está mirando.

Estás en tu casa, estudiando frente a la ventana del salón y de pronto te topas con ese dibujo diabólico: un hombre sentado en su despacho con cara de sospecha y la sombra de un pato vigilándole desde el edificio que se levanta al otro lado de la gran vidriera a la que le está dando la espalda.

Lo primero que te pasa por la mente es que se trata de la estupidez más grande jamás ideada. Más tarde te descubres a tí mismo oteando las ventanas semicerradas de los edificios de enfrente.

Poco a poco, la paranoia va en aumento. No tardas en caminar por la calle con la extraña sensación de que un pato podría estar persiguiéndote y que, debido a su práctico tamaño, puede esconderse a la mínima sospecha. Puede que sólo sea una alucinación, un pensamiento absurdo y delirante; pero también podría no serlo.

La viñeta descrita es real, se encuentra en el libro de K. J. Gergen "El yo saturado". La fantasía del pato que observa adquiere importancia cuando, no sólo uno se siente escrutado, sino que lo realmente importante es que no se sabe de qué manera puede estar mirándolo ese pato, ese terrorífico e impredecible pato.

lunes, 7 de junio de 2010

18 segundos (Macgregor)


viernes, 4 de junio de 2010

El hombre que catalogaba aves

El hombre que catalogaba aves era muy peculiar y conocía muchas de éstas criaturas. Él las llamaba pollos.

Conocía diferentes tipos de pollos: el pollo de pechuga gorda; el pollo tonto; el pollo de parque; el pollo de patita muy junta que caminaba con aspecto de mayordomo borracho; el pollo de pico como una pala; el pollo volador de alas atrofiadas que no le permitían volar; el pollo que observaba desde algún lugar -no se sabe muy bien dónde- a su observador; el pollo de fondo de barril; el pollo desalado; el pollo de transporte de niños; el pollo de transporte de mierda; el pollo que vende el pollero; el pollo que estalla si come trigo mojado; el pollo comedor de pollos; el pollo que vuela en círculos; el pollo hembra; el pollo que se estrella contra los cristales; el pollo contumaz en su estrellarse en los cristales; el pollazo de huevos gordos; el pollo que no es pollo; el pollo muerto...

Ese era su trabajo y él era feliz así.

jueves, 3 de junio de 2010

Morir de amor


No hay nada más mortal que el amor de una madre.

Una madre quiere al fruto de su vientre y ya puede estar físicamente como esté, que lo va a cebar como si de un puerco se tratase. Para una madre, un hijo que se va de casa puede ser un loco perturbado que se dedica a asesinar prostitutas por las noches que todo le va a dar igual mientras se alimente como es debido. Y cuando digo como es debido me refiero a ser capaz de ganar peso a razón de kilo por día.

El amor de madre no se puede reconocer por la calidad de los abrazos, la asiduidad de los besos ni la belleza de las palabras. El amor de madre se mide por la cantidad de material de engorde contenido en sus comidas, en cada uno de sus platos, en cada bocado. A mayor riesgo de reventar comiendo, mayor es el amor prestado.

No hay mayor satisfacción para una madre que ver estallar el fruto de su vientre ahora que por fin es independiente. No es ironía, es la crueldad oculta en el amor de una madre, es la verdad escondida en un inmenso plato de comida.

lunes, 31 de mayo de 2010

Diamantes en el aire

Como tocar un ángel en su desnudez infinita. Como el reflejo de una luz prístina vista desde el fondo de un lecho amiótico que te nutre, que te ilumina, que te hace comprender la verdad de tanta belleza reunida en unos mismos rasgos faciales que son indiferentes al resto de la sociedad saturada de una nueva estética.

La contemplé durante apenas unos segundos, hipnotizado, ajeno a la conversación que yo mismo había comenzado y que seguía su desarrollo como si tal cosa, totalmente indiferente a tanto esplendor, al conjunto azulado que se cruzó con mi mirada para derribarla de un plumazo.

No podría describirla, imposible. Estaba obnubilado con su figura envuelta de blanco, con su cabello de azabache brillando lacio hasta poco más allá de sus claros hombros. De rasgos que me recuerdan a la hermana de una persona querida, demasiado querida.

Y sus ojos... Tal vez no fueran para tanto. Tal vez había más gente allí y nadie reparara en la importancia del recuerdo. Tal vez, lejos de entender que la existencia de un ser tan perfecto, todo el mundo prefería obviar su presencia. O tal vez era, simplemente, que no debí haber salido de casa con un estadio tan desarrollado de la gripe que me invadía...

martes, 25 de mayo de 2010

Grapar las miradas



Mírenlo bien, mírenlo con los ojos de observar detenidamente, no con los de mirar por la superficie. Deténganse a estudiar un poco las miradas de la gente, las hay de todo tipo: miradas de felicidad, miradas de compasión, miradas de odio, de afección y de interés... Hay miradas, mírenlo bien, perdidas en el horizonte del más puro amor, ciegas ante tan amplio campo de visión.

Se miran, se observan, se devoran con los ojos cerrados mientras sus cuerpos se descontrolan. ¿Por qué, me pregunto, por qué curiosean todo lo que les interesa sin poder ver nada? Sólo el cuerpo danzando despacio alrededor de un alma varada.

Mírenlo bien, mírenlo con los ojos que no se pueden ver, con los que no se pueden perder en el ínfimo infinito de la mayor soledad de todas, la soledad enamorada.

Son personas de vista cansada, que quieren todo y no encuentran nada. Parejas que viven solas, que comparten sus soledades en la intimidad, que no piensan en superar el horizonte de sus realidades.

Es triste, muy triste que se busquen eternamente y no se encuentren porque no han hecho otra cosa que perderse entre sábanas de porcelana. No han hecho más que olvidarse de todo en virtud de sus nadas. Sus amores sólo han sabido graparse las miradas.