"Éste es el relato más triste que nunca he oído..."

Ford Madox Ford (El buen soldado)
Mostrando entradas con la etiqueta A débito. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta A débito. Mostrar todas las entradas

lunes, 14 de noviembre de 2011

La cabra que no sabía matemáticas

La cabra que no sabe matemáticas no calcula bien, se despeña y se muere.

En homenaje a los ejemplos de R.R. Aguilera.

lunes, 18 de abril de 2011

"¡El guarrino que vola!"


Me lo trajeron. A mí. Para mí. Una miserable fotografía. La Fotografía. Ahora sé que existe... y lo codicio.

martes, 23 de noviembre de 2010

El bocadillo insólito

Una rebanada de pan tostado para que pueda soportar el peso de todo lo amado.
Un poco de tomate y mayonesa para untar y que no esté seco por debajo del queso.
Encima se sitúa un buen tomo de lomo, asado o a la plancha, eso nos da igual
y para que quede bien sabroso aderezarlo con mucha pimienta y una pizca de sal.
Dos hojitas de lechuga bien limpias y verdes para empujar y poder rebajar.
Tomate natural y un huevo cocido que en rodajas se ha de cortar,
con mucho mimo la otra rebanada de pan y una olivita ensartada para adornar.

Comer es un placer...Es un bocadillo normal.

¿Lo es?

No... Ante tal cantidad de grasas sin sentido y sabor desmedido sólo se puede decir de él que pueda, como poco, caminar. Directo al intestino y pasando por el estómago, una vez ingerido no deja de hablar:

-¿Por qué me has comido? ¿Por qué así conmigo no tuviste piedad?

Sólo se me ocurre una respuesta posible que que le pueda recetar:




Para JJ. Especialmente...

lunes, 17 de mayo de 2010

L´arte di Moth

- ¡Volvemos a encontrarnos! -Dijo Joaquín Jesús mientras enarbolaba la ironía en dirección a su archienemiga polilla.- ¡En garde!

Se quitó la holgura para correr tras el bicho y no notarse cansado del peso de su existencia. No estaba gordo, es que despreciar los nutrientes es pecado para sus complejas células. No es que le tuviera manía, es que aquel insecto había estado riéndose de él la noche anterior y eso, eso era intolerable incluso para cualquier humano.

La desocultó como se desvela la verdad, la arrinconó contra la grasilla de las losas de la cocina y aguardó a que aletease agotada. No se trataba de atacarle a traición, por Dios que jamás actuaría de forma tan innoble, sino que era una brillante estratagema por la cual no tendría que pasar por una ardua persecución. Y es que perseguir algo, sea lo que sea o sea quien sea, es cansado.

Pero su paciencia tenía un límite y al minuto de expectación se cansó -porque esperar también es cansado- y empezó a agitarse y hacer aspavientos contra su pobre enemiga. Ésta aleteó, sobrevoló su cabeza en actitud altanera y con una sonrisa dibujada entre sus antenas, riéndose de los vanos intentos de su enemigo por darle caza.

Joaquín Jesús se rebeló contra la piedad, se alzó en un remolino de viento irónico y, finalmente, la propia polilla fue a chocarse contra su atronadora arma engastada de esperanza y un polvillo residual.

Sudando, satisfecho, se apoltronó en su sofá, su subalterno, triunfante y satisfecho de sí. El noble mueble no emitió queja alguna, -prefería llorar en la soledad de la mañana,- aceptó estoico su divino extenuamiento y recibió como premio una leve caricia por su fidelidad.

Tomó sus cerillas, acercó una encendida a su ilustre pipa y celebró su victoria como era debido: entre una voluta de satisfacción y autosuficiencia y ahogando sus delitos en alcohol. En su cara de bobo bonachón se dibujaba una mueca de altivez mientras de sus cuerdas vocales manaba una canción:

- ¡Sí, vendetta, tremenda vendetta...!