"Éste es el relato más triste que nunca he oído..."

Ford Madox Ford (El buen soldado)
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viernes, 11 de noviembre de 2011

¡Quién lo diría!


¿Estamos en elecciones?

No parece.

La clase política apesta a podredumbre, a putrefacción. Hace unos días que se retransmitió un debate entre dos personas de ideales supuestamente diferenciados con motivo de las elecciones que están de camino. ¿Alguien lo vio? ¿Alguien vio el debate? Yo lo busqué incluso entre las moléculas de agua que necesitaba para aclarar una voz cansada de despotricar acerca de la disputa infantil que estaba teniendo lugar en la televisión. ¡Ni una sola medida política, sólo pura charlatanería!

Los partidos políticos sólo son ya un gremio más en el que encontrar trabajo pero, ¿son útiles? Deberían serlo. Deberían haber derecha e izquierda, pero no las hay. Los políticos no saben hacer política. Hablan sin decir nada y gruñen como perros ante un trozo de carne, y esa carne es el gobierno de una nación, los cartílagos son los órganos que unen a sus individuos y hoy la carne es muy indigesta para todos.

Quiero decir, señoras y señores, que vamos a darle nuestro voto a personas incompetentes, a personas que no saben hacer su trabajo. Pero esto es así en todos los niveles; nacional, regional, etcétera. No hay un solo dirigente que dirija. Es un tópico eso de que quieren llenarse los bolsillos, pero es cierto: quieren -como todos- dinero por un trabajo que no saben hacer, como el carpintero que se pone a trabajar de médico. ¿Qué resultado obtendríamos con él? El mismo que la clase política nos muestra con la situación mundial que tenemos.

Hay quien dice que debemos parar esto. Hay quien habla de revolución. Desde luego, no saben que toda revolución se hace sangrienta o no sería una revolución; y que nadie quiere pasar por eso parece obvio. La única solución pasa por la educación de todos los individuos: de los que no saben nada (que son la mayoría) y de los que creen que saben algo (que serán los que respondan a mi réplica). No obstante, ese trabajo es demasiado costoso. En una sociedad moderna donde no se sabe hablar ni escribir, todo está perdido.

Vayamos el 20N a votar en masa y promovamos una cultura del desconocimiento. No hay nada que hacer; la política, entendida al modo griego del que es heredera, ha muerto. Pero el problema no es ese, el problema es que si fuéramos inteligentes, velaríamos por ella, pero jugamos con su cadáver como vándalos estúpidos que gozan como cerdos con la tanatología.

lunes, 31 de octubre de 2011

Moscas rusas III

- Fantástico señores, estamos a punto de descubrir la soledad.

- ¿Y a qué puede verse debido ese descubrimiento? ¿Con ocasión de qué se vincula a ese amor?

La sala quedó vacía, sólo los dos frente a frente. Un diálogo más allá de la coherencia, un diálogo para una sola persona. Uno tras otro, los huéspedes fueron desfilando hacia el final de la sala, apartándose discretamente en dirección al abandono de la existencia del círculo político de la ciudad. Quedaron los comunistas, en una silla de madera un viejo pensador,
en la de metal un nuevo progresista ejecutor.

- Pues sí, caballero, nos hemos quedado solos, nos amamos, como percibo que puede usted declararme.

- Efectivamente, le amo.

La sala quedó vacía, sólo un cuerpo sentado en una incómoda silla metálica y un comunista con un agujero de bala en el pecho tirado en el suelo. La Rusia de compositores, investigadores, revolucionarios y grandes movimientarios había muerto. El Estado de la vieja Unión se disuelve con un disparo de fusil. Dejó el rifle en el suelo, próximo al charco de cálida sangre y continuó hablando del amor en solitario.



viernes, 28 de octubre de 2011

Moscas rusas II



Toda la revelación del ideal comunista tiene su origen en la revolución de 1905 de la que se puede obtener más información en el anterior trabajo entregado. Fue un auténtico fracaso y los húsares se encargaron de reprimirla terriblemente y sin miramientos. En cualquier caso, aquella primera revolución fue un intento de la comunidad obrera por reprimir el autoritario régimen zarista en busca de mejores condiciones de trabajo: en definitiva, un intento pacifista por derrocar el capitalismo de la Rusia de Nicolás II. Ya desde la década de 1860 se habían puesto en marcha grupos terroristas que actuaban mediante repentinos estallidos de violencia y represión. Sobre esa época se produjo el nacimiento de los “narodnik”, un movimiento social inconformista al que más tarde le sucedería el Partido Social Revolucionario y cuyo mensaje se dirigía a un campesinado hambriento, inquieto y bajo condiciones mínimas de trabajo y máximas de esfuerzo.

A partir de 1890, la industrialización fue el proceso de reforma que vería la nación rusa más moderna que justificaría la primitiva y decadente economía del país. El desarrollo, a partir de las fábricas, siderúrgicas en industrias en general, de una clase industrial y financiera de creciente influencia y riquezas emergentes se debía, principalmente, a la fuerte dependencia del capital extranjero. Ese contacto intrínseco y necesario con el capital extranjero potenció la infiltración de las ideas occidentales y se facilitó un pensamiento progresivo liberalista a un pueblo que vivía oprimido por su zar y que necesitaba una reforma urgente. Sería el Partido Kadete o Demócrata Constitucionalista el encargado de arraigar esas ideas de un primer contacto con el resto de Europa. Se dio el caso que con la aparición del pensamiento progresista se produjo el crecimiento sistemático de un proletariado de obreros fabriles descontentos y conflictivos. En esa misma época comenzó a moverse el sentimiento socialista que recorría la Rusia más occidental y occidentalizada y se produjeron las primeras huelgas a favor de los obreros y el proletariado, exigiendo mejores condiciones de trabajo en lo que se adivinaba como una lucha por las ideas marxistas de una igualdad estructural a la base de la sociedad. La exigencia de cambios y el arraigo de la nueva filosofía impulsaron a la creación de un partido marxista fundado en 1897, el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso, el partido de Lenin, Martov y Plejanov.

El desencadenante final para hacer la revolución de 1905 fue ya el malestar latente que emergió superficialmente con las frustraciones y humillaciones de la guerra entre Rusia y Japón. El carácter de esa primera revolución no fue tanto el revolucionarismo como una simple revuelta por parte de los liberales y constitucionalistas burgueses en contra de la autocracia arbitraria y anticuada. La petición pacífica de mejoras laborales por parte de una ingente masa de obreros que se desató en el desgraciado “domingo sangriento”, fue lo que produjo esta nueva revuelta obrera que conduciría a la elección del primer soviet de diputados enteramente obreros de Petersburgo (más tarde Petrogrado y Leningrado). Fue una revolución espontánea, descoordinado y cargada de resentimiento y violencia, por lo que fue fácilmente dominada con el coste de ciertas concesiones constitucionales que, aun a pesar de todo, no parecieron resolverse en detrimento de nadie en adelante, se quedaron en vacías palabras de amenaza. Los desencadenantes de la revolución de 1917 fueron exactamente los mismos, salvo que ésta última triunfó donde la anterior no pudo conseguirlo. Y si la revolución de 1905 no tuvo éxito, ello se debió a la desorganización de las masas, al poder aún vigente y de extraordinaria fortaleza y eficacia del zar y a la confianza por parte de los revolucionarios, excesiva en muchos casos, en el triunfo de unas ideas nuevas, positivas y que ya funcionaban en otros países europeos y democráticos como en Alemania.

El triunfo de la revolución de 1917 tuvo importantes apoyos que se inspiraban en el cansancio provocado tras la Gran Guerra y el descontento general respecto al modo en que fue encauzada. Los efectivos imperiales habían sufrido numerosas bajas y el ejército estaba ahora debilitado, motivo fundamental por el que se impulsó la necesidad de crear un ejército que apoyara la solución obrera y ahí es donde entra el Ejército Rojo del que ya se habló más arriba, Guardia Roja aún por ésta época y cuyo nombre ya describía su función: se trataba sólo de una multitud armada y dispuesta a resolver cualquier acontecimiento violento a modo exclusivo de defensa de los intereses comunistas comunes. Más tarde se convertirían en el poderoso Ejército Rojo. Finalmente, la abdicación del zar era lo único que podía detener la marea de revueltas y fue fusilado junto con el resto de su familia. La autocracia hasta entonces vigente fue reemplazada por la proclamación de un Gobierno Provisional de carácter democrático basado en la autoridad de la cuarta Duma. El carácter híbrido de la revolución se hizo aún más evidente al reconstruir el soviet de Petrogrado según el modelo de 1905.

jueves, 19 de mayo de 2011

¡Viva el socialismo!

Aprovechando que se acercan días donde hay que hacer uso y gala de nuestra libertad de expresión y elección, me muevo entre opiniones y no dejo de ver gente, especialmente en los pequeños pueblos, que no tiene ni idea de lo que va a hacer el domingo. Y no me refiero con que no sepan a quién votar, viviendo en un pueblecito de Extremadura es inevitable, casi, saber que los socialistas volverán a gobernar sin que nadie les sople; sino que no saben qué es lo que van a hacer al votar a quien quieren (y aquí no me refiero sólo al socialismo, sino a cualquier partido democrático).

¡Cuánto socialismo imberbe! No socialista, que también, sino movimiento ideológico que se ha pervertido de tal manera que la izquierda, como la derecha, se han centrado ambas en un mismo punto: el de la ignorancia.

Si me centro en el socialismo es porque me queda bastante más cerca, que no hay nadie que sepa lo que realmente está defendiendo. ¿Sabe alguien siquiera qué dijo Lenin, quién es Meslier o qué es el Leviatán? ¡Pero si ni siquiera saben cómo es el país en el que viven!

Lo único que les interesa a los votantes es que sus dirigentes les den un trabajillo temporal, sea simpático y no les robe demasiado o que, al menos, lo haga con disimulo. Sin embargo, y dado que lo de interesarse por un partido político es cansado porque hay que saberse lo que éste proclama, los jóvenes prefieren seguir diciendo pesoe! a voz alzada con una copa en la mano y chiribitas en los ojos.

¡Menos botellón y más educación!

¿Cuándo llegará el día en que dejen nuestros dirigentes de ser unos idiotas que se han dedicado toda su vida a la albañilería, al campo o a quejarse por todo en una plaza abarrotada de cabezas huecas? Tal vez sea el mismo día en el que los votantes sepan lo que están votando, tengan una madurez intelectual propia de un país europeo a la antigua usanza y no una mentalidad de trabajar poco y cobrar mucho, y tengan un mínimo de educación política.

¡Viva el socialismo! Y que viva de verdad, no como ahora, que malvive de los rescoldos que cuatro gatos aprovecharon en el transcurso de la transición.

domingo, 6 de marzo de 2011

Limitaciones (III)

Son perros. Perros salvajes. Incivilizados que pretenden mostrar que son inteligentes. Pero los perros no tienen alma. Poco les importa la vida de las vacas. Poco respeto muestran por las palomas. Sólo ven ovejas. Ven ovejas que tienen que cuidar y procurar que el rebaño no se disperse en orden a la anarquía. Protegerlas de otros lobos más hambrientos.


Son perros. Vivimos gobernados por perros. Orwell no es nada lejano, nada imaginativo. Lo que importa no es la limitación que se imponga en el código de circulación. Lo que importa no es el sistema de reducción de gases al entorno. Lo que importa sólo es importante para la jauría de políticos que necesitan que la sociedad que gobiernan o están dispuestos a gobernar no se disuelva.

En España no se hace política. Los dirigentes de los partidos mayoritarios hace mucho que no hablan con coherencia, que no se sientan a resolver los problemas de su país, que no hablan de política. Son perros ansiosos que pelean entre ellos por un pedazo de carnaza, ofreciendo un espectáculo sin precedentes al resto de perros que aplauden como idiotas mientras las ovejas son atacadas dentro de sus mismos rediles.

En España no tenemos políticos dedicados a la política. En España no tenemos salvación en unas elecciones donde de lo malo sólo se puede elegir lo peor.

El gobierno hay que dejárselo a los cerdos...

viernes, 4 de marzo de 2011

Limitaciones (II)

Pensar en vacas es pensar a lo grande, no como hacerlo con palomas estúpidas que sólo sirven de excusa para quejarse por las acciones cada vez más imaginativas del gobierno y con las que, por casualidad, aciertan a veces. Pero pensar en vacas no es lo mismo, pensar en vacas es hacerlo en animales inteligentes que pasan el día mascando hierba mientras contemplan el paso del tren envueltas en nubes de vapor.

No es que hayamos vuelto al tren de vapor, sino que las nubes de vapor son de los propios animalitos que, atosigados por una dieta demasiado monótona y rica en carbohidratos, no pueden evitar consumirse como velas.

Y contaminan. Y no será de extrañar que pronto se proponga una reforma legislativa que reclame un mundo menos contaminado por los gases vacunos que tanto pueden molestar. Aunque, bien mirado, ¿para qué reducir el número masivo de vacas pedorras si se puede reducir todo a la cuestión locomotriz de los bichos?

Si un animal tan grandote y hermoso es capaz de caminar unos veinte kilómetros al día, generando una cantidad de trescientos centímetros cúbicos de gases debido al aire producido por el movimiento del alimento en el interior de sus aparatos, entonces la cuestión es simple: limitar su caminata a dieciocho kilómetros diarios para reducir la cantidad de gases.

Pero es que es obvio. Aunque sea más sencillo matar al animalito, que ya está demasiado mayor para funcionar correctamente y que además serviría para comer, la solución pasa evidentemente por tener que pensar en términos abstrusos y cambiar las condiciones de vida del personal.


¿No nos damos cuenta que las mentes que idean esas soluciones nos están tratando de ayudar? Si nos quitan los límites de ciento veinte kilómetros a la hora será porque así nuestros estómagos sufrirán menos. ¿O lo harán acaso sus neuronas?