"Éste es el relato más triste que nunca he oído..."

Ford Madox Ford (El buen soldado)
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miércoles, 19 de octubre de 2011

La mama de la mama


La BBC ha filmado una serie documental que tiene por tema el cuerpo humano y que es verdaderamente impresionante. La tecnología utilizada permite ver los órganos, posibilita la visualización de hectoplasmas fantasmagóricos, pero también de realidades palmarias.

En uno de los capítulos se muestra que las glándulas mamarias, con la detección de la proximidad del bebé, segregan la leche que la lactancia ya ha generado y que hasta ahora almacenaba en unos saquitos ubicados tras el pezón. ¡Se segrega la leche! ¡Antes incluso de que se produzca el contacto en predisposición a la succión!

La mama que mana leche y miel. Bueno, miel no. Sin embargo, esa fuente es la auténtica fuente de la vida, es un milagro, es un acontecimiento extraño que viene siempre de algo que no comprendemos. ¿O es que acaso podemos comprender el funcionamiento hormonal, celular o atómico?

La mama tiene vida propia, sabe que se acerca el niño y mana su jugo, su poderosa sustancia que posibilita el desarrollo de la criatura. Es un pequeño dios, es lo más independiente del cuerpo humano, es la razón de la supervivencia de todo un ser en su completud. Si se utilizara como tal, sería el arma más poderosa de todas: la mama de la mama. Y en la palabra poderosa está incluida la palabra rosa y eso, una vez más, es algo innegable.

sábado, 25 de junio de 2011

Soledad para pensar


¡Oh, yo!
Háblame de la soledad y de la vida
y de la no-vida.
Y háblame de lo que puedas y no puedas.
Háblame
y hazlo mientra veas,
mientras mires y reconozcas la piedad,
la soledad que me afea.

¡Ah, solaloca en mi soledad sesgada!
Parásito aferrado a mi almohada.
Gabardina que moja en noche cerrada.
¡Ah, solaloca de mi soledad!

Hablo solo,
solo me hablo,
sólo me hablo solo,
pero me hablo.
Suerte que estoy solo,
solo con mi yo,
mi yo y mi no-yo solos.

¡Oh, yo!
Háblame de tí.
Háblame del instante en que te perdí.
Háblame de vida,
de poemas y diatribas.
De tu yo
y de mi no-yo.
De la soledad a la que me confinas.

martes, 14 de junio de 2011

Palabras de mí

Se me abren las carnes al contacto con el papel. Una luz se filtraba por mi ventana, un destello azulado, producto del desvarío que produce no dormir. Dormir es sólo una sensación de irrealidad que ataca al intelecto con espada de mentiras, como un juego simbólico del que no aprender nada.

Poco a poco van cayendo las hojas de la conciencia activa, el cansancio embadurna el cerebro y lo recubre con una peculiar película que reproduce la viscosidad de la vida.

Un caballo relincha en mitad de la noche, en un piso del centro urbano, donde los caballos priman por su pequeñez infinita. De pronto suena un disparo y el animal cae muerto, desangrándose ríos de ginebra, tambaleándose como un borracho en la niebla.

Los ojos abiertos sólo sirven para contemplar el delirio que encierran tras los párpados. Las horas se suceden como notas en una sinfonía, crueles, inexorables, punzantes...

Se me abren las carnes al contacto con el papel de una Biblia, único recuerdo de lo que fuera antes una luz azulada filtrándose por mi ventana, una luz que aún no sé dónde estaba, que no veo y que no ví. Creo que conseguí dormir, pero si no lo hice, ay, míseras palabras de mí.

viernes, 11 de marzo de 2011

Elend meiner


Elend meiner. Elend meiner!

Ich laufe über meine Zeit, über mein letztes Mal!

Ich reise zu nichts.

Elend meiner...

martes, 16 de noviembre de 2010

La gata gorda o el furor felino

Albergaba un sentimiento de desasosiego en mi pecho por la mañana temprano cuando caminaba mi paseo matutino frente a un hotel con algunos árboles rezando a su puerta cuando descubrí, para mi asombro, una bonita gata mirando hacia la copa de uno de los naranjos que se levantaban sobre mi cabeza. Estaba obesa. Era una bonita y lustrosa gata obesa que quería, al parecer, trepar y subir a las ramas entreveradas de más arriba.

Es realmente gracioso contemplar cómo un animal cuyo linaje proviene de una noble y ágil raza se agazapa, flexiona las patas traseras, se lanza desesperado al tronco del árbol, se aferra con fuerza a la corteza, pone su máximo esfuerzo en coronar la cima y se cae de costado contra el suelo.

El mundo femenino es idéntico. Se esfuerzan sexualmente en ser realmente activas cuando el cuerpo femenino está concebido para ser receptivo, pasivo. Ponen todo su empeño en alcanzar la satisfacción de subir a la copa del árbol y divisar el mundo desde lo alto. Consiguen con su esfuerzo no alcanzar siempre el placer inconmensurable de satisfacer absolutamente todos sus deseos y, sobre todo, olvidan que son los seres más complejos del planeta.

Cuando aquella gata salió huyendo despavorida de su accidental derrota, me percaté de un pequeño detalle: no estaba obesa, estaba preñada. Comprendí al instante que aun estando obesa hubiera podido doblegar la voluntad de aquel árbol si lo hubiera deseado. Que su constitución le hubiera permitido, aun siendo un animal inadaptado a su perfecta fisonomía, hacer lo que le hubiera venido en gana y satisfecho sus necesidades más propias.

El único lastre que tenía era su prole. Sólo el instinto le priva a la gata de su propia satisfacción. La preocupación por lo ajeno. El desmotivamiento es lo que la mueve, irremediablemente, a convertirse en una pobre criatura desdichada.

viernes, 18 de junio de 2010

El hombre gris



Tocaba el piano en un mal antro, de esos de los que tienen ratas en los baños y almas errando por cada rincón ahumado; tocaba su música gratificante en el lugar más inhóspito de la ciudad, también en el más reputado.

A menudo se sentaba después de la actuación en un taburete, acodado en la barra para ahogar sus penas en alcohol. Era su método: descubrir los sentimientos que nadie podía leer en una partitura amarillenta y esconderlos una vez más donde nadie los pudiera sorprender. Con una copa de olvido era mucho más fácil ser comprendido.

A pesar de todo, se cuidaba mucho de no desvelarse ante ninguna mujer. Era de amor fácil y de pasión comprometida y siempre tocaba su instrumento mucho mejor de lo que cabía esperar en privado, en la seducción de la soledad, que en la olvidada ciencia del lustroso bar.

El movimiento de falanges era muy amplio, sensual, simple y sofisticado a la vez. Componía sus melodías entre teclas de melancolía a base de dicotomías intocables. Las pulsiones de las cuerdas se mofaban de su dedicación, del olvido de su ser, de la pérdida de su esencia como hombre. Él era un simple instrumento que debía arrancar las notas del cuerpo de su amada. Una amada es un piano que debe ser perfectamente tocado, perfectamente despojado de su interior erótico y lleno de una vida que merece la pena perder entre unos dedos hábiles, unos dedos que después no saben qué hacer, unos dedos frágiles y expertos, unos dedos que jamás se podrán ver dos veces del mismo modo, unos dedos...

jueves, 6 de mayo de 2010

El jardín secreto

El violín de Ingres fue la realidad de Man Ray. No era una mujer, era un instrumento, un poderoso y sonoro instrumento de deseo.

Cada curva de su cuerpo es una brillante pieza de ébano, límpidamente tallada contra la silueta de su música interior. Tocarlo es un placer, un gozo intachable que se adivina entre la luz y la sombra que proyecta en el objetivo de la cámara. El ojo de su autor llora, un amante privado del material de su espíritu.

No es una mujer, es un instrumento volátil que impele a ser tocado, a que le arranquen las mejores notas musicales para las que fue fabricado.


Acariciar cada una de sus curvas es sentirlo, aprehender su suave tacto descarnado. Friccionar el arco contra él, despacio primero, aún más despacio después. Buscar que hable, que corcheas mudas tartamudeen en el espacio infinito y resuenen desde lo más profundo de su aliento. Buscar que hable, buscar que se exprese en un idioma inexistente.

No es un violín. Es el violín más perfecto de todos los violines que no lo son. Es único. Es única.

Su cuerpo de madera necesita ser horadado, agredido hasta que resuene por encima de los cimientos de la creación. Su extensión, su figura, utilizadas hasta el límite de sus posibilidades. Arrancarle un sonido cada vez más agudo que chirría y chirría como si sus cuerdas cedieran bajo las pulsiones que arquean su espalda.

Finalmente el éxtasis roza la exaltación de la música que suena, que se va apagando con el morir de los cuerpos que se destruyen en un apasionado baile astillado. Los cuerpos se rompen y el sonido cesa. El violín de Ingres es un mero objeto demacrado por el uso permitido.

No es una mujer. Es un instrumento.
No es un instrumento, es una fotografía.
No es una fotografía, es un relato.
No es un relato, es la realidad de Man Ray.

No es una realidad, es la cotidianeidad de un jardín olvidado, consumido entre las flores que lo han destruido.
La música de la vida que cede a la vida...
El silencio para siempre apagado...

lunes, 22 de marzo de 2010

De la íntegra belleza femenina


Hay mujeres feas y hay mujeres guapas. La fortuna me ha permitido conocer muy diversos tipos de ellas. Algunas eran muy hermosas, otras eran difíciles de mirar. Se dice que el cuerpo de una fémina no puede no ser hermoso. Falso. Me he enfrentado a siluetas que más valía recortarlas con tijeras muy bien afiladas, que ya no pudieran distinguirse nunca más.

Hay mujeres que da gusto verlas, que brillan con el reflejo de la luz dorada que las baña como queriendo acariciar sus escotes al sol y melenas al viento. Que tienen caras como de niñas que esconden una fogosidad sutil, increíblemente escandalosa. De esas que tragarían carne como pastillas para la tos, que no temen llenarse la boca de inmundicias masculinas. Que sería imposibles darles un no por respuesta por indecente que su proposición nos parezca y que nos sugiera un descaro que jamás querríamos para nuestras madres.

Hay mujeres que, por suerte, son horrorosas. Pero no horribles de las que piensas que son unas malditas brujas rencorosas o desgraciadas, no -que también-, sino de esas de las que da miedo mirarlas. Un miedo atroz que recuerda a un monstruo viscoso y mugriento. Pero no porque sean sucias o huelan mal, es más bien que tienen unas caras que jamás querríamos mirar de frente aunque, por supuesto, tampoco de perfil. Que poseen unos rasgos más que repugnantes y menos agraciados que el trasero de un marrano. Yo las llamo mocos.

Hay mujeres que no son mujeres. Hay mujeres que son hombres.

De todas ellas, hay mujeres que me gustan más y las hay que no me agradan nada. Más me gustan las feas que las menos guapas. Menos me agradan las más bonitas que las más horrorosas. En cualquier caso, toda mujer es bella cuando me susurra al oído, apenas en un leve murmullo, palabras que sólo pueden salir de su boca.


Se acerca, se aproxima y notas su calor en tu oreja. La humedad de su aliento apenas si te impregna la carne del carrillo, y te lame la conciencia. Su perfume se cuela por tu nariz, tu olfato capta hasta la última espora emanante de su piel. Sus labios, finos o gruesos, dulces o amargos, te rozan el rostro. Luego tu boca. Luego el resto...

Hay mujeres que no son mujeres. Hay mujeres que quieren ser diosas. Lástima que todas mueran jóvenes, horribles y hermosas.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Amores en la distancia...


¿Con qué instrumento se conectan las distancias del amor?

¡Ah, el amor! Esa sensación química que nadie alcanza a comprender del todo... Sí, química, pues ¿cuántos agentes carbonatados se queman en el acto amoroso? Y digo acto amoroso por ser políticamente correcto, porque la química del amor se reduce a gases. Y es que esas mariposillas tan cursis que se sienten por dentro no son sino los restos de la combustión del movimiento de empuje perpetrado en el mejor de los contactos físicos.

En definitiva, que la palabra amor es un intento por humanizar el instinto animal de perpetuación de la especie. El amor es necesario, sí; pero no es más necesario que lo que esconde entre la poesía de su concepto. La barbarie de la necesidad con la que se culmina en un instante de cubrición. Siendo realistas, podemos contestar con toda la certeza que nos da la comprensión de las relaciones sociales a la pregunta que planteaba al principio:

¿Con qué instrumento se conectan las distancias del amor? Con el pene.

martes, 19 de enero de 2010

El yogur o de los pezones


Compruébenlo. ¿Nunca han probado a ingerir uno de esos yogures de medio litro que se venden en vasos de plástico similares a los de los cafés de alguna multinacional extranjera? Sí, esos que parecen imposible terminar pero que una vez probada la primera cucharada es imposible dejarlos a la mitad. Pues inténtenlo, que es imposible decir que no son adictivos con esos tropezones de fruta que colman el vaso hasta hacerlo rebosar.

Como iba diciendo, uno se sumerge en ese vaso sin fondo, en ese vaso inicialmente profundo y repleto de calorías, y no puede dejar de pensar que en esos tropezones de melocotón están contenidos otros pezones mucho más sabrosos y maternales. Aunque igualmente nutritivos. Porque en la palabra tropezón está contenida la palabra pezón y eso, por desgracia, es innegable. Pero no nos rindamos a la estúpida evidencia y vayamos un poco más allá, a la cuestión de los lácteos.


¿Por qué demonios esos malditos yogures que bien podrían llamarse "atascaburras" debido a la tremenda satisfacción que producen son tan adictivos? ¿Seguro que son tropezones lo que llevan, seguro? Porque es curioso que traigan al recuerdo el gesto alimenticio primigenio, máxime si se trata de succionar lácteos saboreando tro-pezones de gustoso sabor.


Que dicho yogur con tropezones pueda verterse sobre otros pezones es algo que huelga decirlo y que deberíamos probar, como poco, una vez en la vida. ¡Nadie se prive de recordar su más bendita infancia hartándose como un cerdo cebado de lácteos bien nutritivos y sabrosos como un bicho cualquiera buscando la teta más jugosa de la camada! Porque sí, la alimentación, si es como nos la enseñaron de pequeños, es más gratificante entre pezones que con tropezones.